Soñabas la poesía.
La entendías gris,
pero la comparabas con pájaros.
Quien no la leía no la necesitaba,
y el mundo era mejor si una palabra tuya
se mezclaba con cualquier día.
Soñabas con incienso dulce
(furtivo seductor de atmósferas).
Sentías las caricias del oxígeno
en la piel virgen de tus besos.
Si el aliento fuera estéril
no habrías recordado las primeras palabras.
viernes, 28 de mayo de 2010
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