Pablo sale a la calle, se pierde por las peatonales, entre carteles de neón, vidrieras y ofertas. Y gente, sobre todo gente:
"Les convido un pensamiento odioso.
Las personas de la calle invitan a la vida.
Es esa gente que pasa delante tuyo y que sin embargo no se ve. No se mira. Porque no existe.
¿Trataron alguna vez de meterse con la imaginación en la cabeza de cualquiera que venga esquivando bultos por la calle como uno mismo? ¿Trataron de captar lo que decía su mente en ese momento, las cosas que venía pensando, los problemas, las alegrías?
No, claro que no.
Pero aunque uno no lo note, invitan a la vida igual. Ahí en la calle, por un momento, cruzan nuestra mirada y sabemos, todos lo sabemos, que somos camaradas de la misma vida de mierda.
Uno puede estar ensimismado más que de costumbre, pero basta conque una sola persona se cruce un poco más de tiempo para que cuando se vayan a seguir su camino, se nos vaya la vida con ellos.
Y esto es tan real como una mentira.
¿Existen las mentiras?
Las mentiras, para ser lo que son, necesitan ser realidades. Necesitan pasar al plano de la verdad. No existen las mentiras, solamente las verdades que duelen.
Y una mentira, o una verdad que duele, es que vos fuiste luz.
Hay personas que invitan a la vida. Y también hay personas que son luz. Y vos fuiste de las dos cosas. Y gracias al cielo, como el resto de esta clase de personas, no lo supiste.
Es demasiada carga una responsabilidad así.
Yo te conocí, y sólo por eso no puedo morir.
Sólo por eso prefiero esperar ver pasar las estaciones hasta que la vida también me lleve.
Y si pudiera tan sólo poder tener una esperanza en esta vida, es que esa misma vida, cuando llegue a su término, me deje cumplir la ausencia de tiempo junto a vos."
jueves, 13 de mayo de 2010
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