lunes, 31 de mayo de 2010

La simetría en el contacto

Nos habían enviado un mensaje. A muchos nos gustó la idea. ¿Quién no había querido encontrarle sentido a ese hueco gigante que es el cielo?
Es verdad que de día o de noche, mirar afuera del planeta era un ejercicio estético que superaba cualquier intento de nuestros artistas por replicarlo. Contemplar la belleza era prodigioso, pero nosotros queríamos además leerla, deletrear ese alfabeto esquivo que es el universo. Sí, con la belleza como código nos asomábamos a los misterios. Nuestro milagro era desentrañar. Algún día, creíamos, la existencia nos hablaría, nos contaría sus historias, desenterraría sus dedos fósiles de la tierra y nos indicaría los tesoros más hermosos en el infinito. Entonces llegó el mensaje, y lo recibimos agradecidos, porque era la misma naturaleza quien nos hablaba, en forma de otros seres humanos, inteligentes y distantes; extrañamente hermanos. Y nos sentimos recorriendo el camino correcto, y nos sentamos décadas a descifrar sus palabras, a memorizar sus detalles, a degustar su tácita sabiduría. Hasta que las entendimos.
Como una cebolla, las capas del significado se fueron develando, hasta dejarnos ver el gran misterio que las cobijaba. El patrón era la igualdad, la completa identificación con nuestros interlocutores, la resignada esperanza de esperar, nosotros aquí, y ellos allá, un nuevo mensaje que, sin haberlo conocido, juntos comenzábamos a extrañar.

1 comentario:

  1. ESTE TEXTO ESTA BUENO PARA COMENZAR LA IDEA QUE TE TENIAS A CAUSA DE EL LIBRO QUE TE MANDE

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