sábado, 29 de mayo de 2010
Soliloquio inútil
“...cerrás los ojos y yo todavía sueño despierto.
Cuando te vayas las sábanas van a guardar tu radiación un rato más. Retendré en esta cómoda jaula la esencia del alma que compartí esta noche, y que recuperaré algún día.
Respirás tranquila. Yo todavía tengo el cuerpo latiendo.
Afuera el silencio se empeña en crecer lentamente, adquiriendo proporciones gigantescas, justificándose y justificándome a mí, que me he formado a partir del barro, que he nacido dentro mío, que he llenando mis pulmones de aire y tu vientre de este sueño... ¿Darás a luz un destino de luz?
Me contesto, y todo se reduce a un perfume hermoso, una pizca de eternidad que se muestra mas allá de lo inimaginado, y a cada miedo que se vuelve un tesoro, y a cada verdad que encuentra su lugar en el universo, y a mí, hombre hallado, porque te estoy acariciando la piel, y estoy amando en cada poro el recuerdo que alguna vez serás. Y lloro entonces, temblando, pero no te das cuenta. Porque la que llora y tiembla de verdad es mi alma.
Ojalá supieras entender todo esto.
Ojalá estuvieras despierta.
Irónicamente descubro, desconsolado, aquella magia.
Y probablemente en ese segundo alcanzo la verdadera vida.”
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