Anoche desperté sin querer
me senté sobre la cama
ajeno a mi cuerpo
desconociendo mi aliento
y con los ojos ardientes.
Creí recordar un tiempo
en que el hombre era amigo del hombre
y el silencio no daba miedo
Desperté infeliz pero destrozé como un autómata la ventana para poder ver,
como si instintivamente tratara de prevenir una desilusión mayor que la que inevitablemente tenía deparada:
el cráter de la bomba que nos robó todo
me miraba intacto y feliz de si mísmo como si hubiera nacido ayer
como una ciclópea calavera grabada sobre la tierra muerta.
Si hubiera sabido de esta desolación, no habría hecho ni el intento de sobrevivir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario