martes, 29 de junio de 2010

El Moribundo

(Pasillo de sanatorio. Germán y Luis se fuman un cigarrillo frente a la puerta de una habitación en la terapia intensiva. Camila, la hermana de los dos, se acerca angustiada, haciendo sonar los tacos).
Camila: Snif… Snif… ¿Cómo está papá?
(Silencio)
Camila: (Sollozando) ¿Pueden contestar mi pregunta?
(Silencio)
Germán: Está… está… Descansa…
(Silencio)
Camila: ¿Cómo que "descansa"? ¿Ya…?
(Silencio)
(Silencio)
Camila: ¿Ah?
Germán: No, todavía no…
(Silencio)
Camila: ¿Vino el médico?
Luis: Sí…
Camila: ¿Qué dijo?
(Silencio)
Luis: Dijo que no va a pasar de esta noche…
Camila: (Llorando desconsoladamente) ¡Papaaaa, papito, papi, no puede ser, me quiero morir!
Germán: (Interrumpiéndola) Tranquila Camila, pidió que hagamos que sus últimas horas sean tranquilas…
Camila: (Continúa llorando. Hacia el final se calma forzosamente) ¡Pero… pero ustedes dos son unos inútiles… dejarme llorar así, frente al lecho de muerte de papá… son unos insensibles…
Luis: (Irónico) Bueno, entonces calmáte Camila. Cerrá el pico si te das cuenta.
(Silencio)
Camila: ¡Pero sos un insensible! ¡Mirá que tratarme así, yo que soy la primogénita, frente al lecho de muerte de papá (comienza a llorar desconsoladamente otra vez)… son unos insensibles!
Germán: Callate Camila. Estamos esperando que llegue el Dr. Albarracín.
Camila: (Se calma inmediatamente) ¿El Dr. Albarracín? No me digan que…
Luis: Sí…
Germán: Sí… así es…
Camila: ¿El Dr. Albarracín? Qué, ¿va a modificar…?
Germán: Parece que sí…
Camila: ¿Su testamento?
Luis: Todo indica que sí.
Camila: ¡A favor de quién!
(Silencio)
Germán: Vos ya sabés…
Luis: Mamá ya viene…
Camila: ¿A qué va a venir esa trola?
Luis: No te lo permito… Mamá…
Germán: Luis, ella tiene razón…
Camila: "Mamá" le dice encima el pelotudo… trepadora de miércoles…
Luis: No se los permito…
Germán: Ella tiene razón, Luis. Mirá cuándo viene a aparecer.
Camila: ¿Y papá sabe que viene?
Germán: Claro, por eso lo mandó a llamar al Dr. Albarracín.
Camila: Qué hija de puta… ¡Qué hijo de puta! ¡Qué hijos de puta los dos! Encima vos, pedazo de pelotudo, le decís “mamá” ahora… ¡Oportunista!
Luis: Yo siempre estuve de su lado…
Germán: Chicos… no es el mejor momento… me parece que…
Viejo: (Con un hilo de voz, desde dentro de la habitación) Germancito, Camilita, Luicito…
(Se miran como tres chicos que se acaban de mandar una cagada. Abren la puerta y pasan. Se quedan al pie de la cama.)
Todos: Diga, papá…
(Silencio denso)
Viejo: ¿No se dan cuenta que están en una terapia intensiva? Si no van a dejar de discutir, ¿Por qué no se van a la mierda?
(Silencio)
Germán: Disculpe, papá. No nos dimos cuenta.
Viejo: ¿Algún problema con que venga María Luisa?
(Silencio)
Viejo: Mejor, así me gusta. ¿Y el Dr.?
Luis: Ya lo llamé.
Viejo: ¿Le dijiste así como te dije, que estoy en las últimas?
Luis: No hable así, papá.
Germán: Si, papá. Usted se va a poner bien.
Camila: Si papi, va a ver cómo sale en unos días de la clínica.
Viejo: ¡Trío de estúpidos! Luis, te hice una pregunta. ¿Sabe el Dr. a qué tiene que venir hoy?
(Silencio)
Luis: Sí… le dije.
Viejo: ¿Usaste las palabras que te dije?
(Silencio)
Viejo: Luis, es muy importante saber si le dijiste exactamente lo que te ped… (Tose varias veces. Cuando parece que ya se tranquilizó la tos, y Luis va a contestar, vuelve a toser. Se repite el juego tres o cuatro veces…)
Luis: Sí, papá. Le dije exactamente como me pidió…
Viejo: A ver, cómo le dijiste.
(Silencio)
Germán: Dale…
Camila: ¿A ver?
(Silencio)
Luis: Le dije…
(Silencio)
Luis: Le dije que…
Camila: Te oímos…
Germán: Sí…
Luis: Leeeeeee… bueno, le dije “Dr. Albarracín, dice mi papá que traiga la merca...”
Viejo: ¿Si… y qué más?
Luis: Bueeeno, esteeee…
Viejo: Anímese m’hijo, anímese.
Luis: Le dije “…traiga la merca, unos faisanes y un totín mendocino. Y no se olvide el pastillaje que viene la loca de la Luicita…”
Viejo: Ah… muy bien m’hijo.
Germán: ¿Qué significa esto?
Camila: Papá, explíquenos.
Viejo: (Habla con suspiro de moribundo) Bueno, verán… ya soy un hombre muy viejo, y lo único que quiero es que se cumplan mis últimas voluntades al pie de la letra. Es mi derecho el exigir la piedad de mis seres queridos antes de partir al otro mundo…
(Silencio)
Germán: No entendí nada…
Camila: Sí, yo tampoco…
Luis: Yo llevo horas sin entender.
Dr. Albarracín: (Abriendo la puerta) Permiso, Don Maldonado…
Viejo: Ah, mi buen Dr. Albarracín. Llegó el momento que tanto tiempo habíamos estado esperando y temiendo.
Dr. Albarracín: (Evaluando con la mirada la habitación y el enfermo) Ya veo… ya veo… pero déjeme decirle que lo veo de mejor semblante de lo que habría podido esperar de un viejo decrépito a punto de estirar la pata…
Viejo: ¡Ah, viejo puto! Decime, porquería, ¿trajiste lo que te pedí?
Dr. Albarracín: Si, bolsa de mierda. Acá está todo…(Abre su maletín) . Traje algo de música también para poner en el grabador. ¿Los pibes? ¿Se quedan? ¿Se prenden en la despedida también?
Viejo: Poné, ponéte algo movidito, alegre. Y no, los chicos ya se van. (Retoma sus suspiros de moribundo) Vayan chicos, tengo que arreglar mis cosas con mi abogado… antes de partir.
Camila: Papá, me opongo firmemente a que modifiques tu testament…
Viejo: ¡Raje dije! ¡Fuira! ¡Cucha! ¡Cucha!
(Comienza a sonar un reggae en el grabador del abogado...)

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