viernes, 11 de junio de 2010

Apología de la Panza I - El Gordo elegante

Es que comer no sacia el hambre.
Recrear la mirada con la temperatura, recorrer con la nariz las texturas, tocar con la lengua intercambiando sus erógenas papilas gustativas; sólo eso. Es música, tendida sobre la mesa, bailando en el pentagrama del tenedor.
Uno no es esclavo de la gula. Uno no es una máquina de tragar. Uno no es ícaro cocinándose bajo el sol del arrebato de ambición; uno es más bien Dédalo, construyendo con el paladar el par de alas que se derretirán a la hora de la digestión. El sol es la comida. Las alas son el salero. Ícaro no existe.
La poesía tiene también gramática gourmet. Yo quisiera conminarlos a desdibujar este bolo alimenticio del placer para el espíritu y el estómago, que no por nada se escriben con comienzo parecido...

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