Arriba la luna
chapoteando en ese charco inmenso del cielo
abajo esta columna de hierro
que me deja caminar a tropezones
sobre el viento frío que suda la noche
Yo pienso en los ojos
de esa maraña absurda de los días
pienso en cómo me mira
en los ojos llenos de codicia
en la respiración agitada del cerdo
que engulle sin masticar
y escucha la música sólo porque tiene oídos.
No hay sustratos de sabor
no hay excusas para el invierno
no hay excusas para el invierno
jueves, 22 de julio de 2010
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