domingo, 11 de julio de 2010

Intento de definición

Atendé. Porque hay historias que a veces son verdad y a veces no, pero que por algo alguien las inventa.
Yo recuerdo los días en que la insistencia de lo cotidiano me dejó entrever algún tipo de magia subterránea. Suelo discernir (con errores de por medio) el amor del miedo, la belleza y la antimateria. Todas mis sabidurías me han devuelto al mismo tiempo la valentía y el horror cada vez que las consulté delante del espejo. Han sido con desgracia o sin ella mis mejores oráculos.
Yo recuerdo haberte visto en un sueño normal, tapizando el incienso de tu aroma con piel nueva y carne firme. Sentí sin pesar la molestia que impresionaba mi vergüenza. Yo quería improvisarte, pero las reglas no las puse nunca. Hay juegos que se entienden cuando los inventa la indecisión de la mente adormecida. Hoy me considero admirador de mi ignorancia, mi magia repetida consiste en ignorarme por completo para seguir imaginando.
Perfectos serán aquellos hijos que regresen al útero y gocen de la vida y de la muerte. Nosotros somos como los minutos que pasan, no estamos ni en el tacto ni en la ausencia. Eternos momentáneos, como los sentimientos sinceros, sin fecha de caducidad ni esperanzas de posesión; hay caos alrededor, pero en la permanencia existe la armonía de lo invisible.
Ojalá estas mentiras te sirvan para cuando te despiertes.

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