domingo, 11 de julio de 2010
Al final
Las noches se van a cristalizar en una sola bruma enorme. Los diarios reemplazarán el diálogo matutino. Nadie se subirá a los ascensores, de hecho nadie saldrá de casa por ningún motivo. El dinero se transmutará en otras facilidades, más sofisticadas y caros consuelos de pobres a precio de oferta. La música va a sonar para nadie, bellas fugas desgajándose en el vacío de un mundo sin oídos. Los ojos indiferentes no reconocerán la belleza de lo distinto, de lo extraño. Alguien va a recordar lo bueno que fue sentirse a salvo entre los brazos del ser amado, pero serán memorias en extinción. No existirán la magia ni los sueños, ni los buenos deseos ni las buenas noches. Solo un inmenso bloque de realidad, duro, inerte, corriendo como un niño, libre bajo el sol del prado, acomentiendo la última travesura cruel contra el universo.
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