A lo mejor sí, a lo mejor habían océanos que se evaporaban
niños que reían, jugaban y se caían,
hombres y mujeres haciéndose el amor,
siglos y siglos de besos, caricias y desencuentros,
guerras, muerte, un hombre viejo y sabio que moría
de hambre y de abandono y de miseria,
un perro perfectamente leal y otro tremendamente astuto,
un lugar donde nunca se escuchó un sonido,
un momento en que mis palabras nada hubieran dicho,
un segundo en que el secreto era obvio,
ese que develaba el rostro del gran marionetista;
un día en que no llovió en todo el planeta,
otro en que huellas gigantes grababan
pesadas vibraciones en el pulso de la realidad;
una noche en que el más bello perfume era veneno,
en que el cielo fue testigo de un suicidio nocturno,
un instante en que no existió nada,
ni siquiera el tiempo, que fue nuestra moneda y medida.
Pero ciertamente que el día que abrí los ojos
acababa yo de crear el universo
y el aire y la luz y algunos sonidos tapados
me recibieron sin ceremonia pero llenos y rebosantes
de misterio y magia y asombro.
lunes, 12 de julio de 2010
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