miércoles, 8 de septiembre de 2010

Uno de tantos mundos

Este es el bar donde los desgraciados festejan,
un rincón del universo libre de nobles influencias ciudadanas,
libre de silencio mental ahogado en la vorágine de diarios
televisores y teléfonos celulares y mugrientas máquinas de café
Aquí viene el hombre y viene la mujer
y ninguno vale más que las monedas de sus bolsillos
a ambos amamos, a ambos embriagamos, a ambos despeñamos
por el borde sin filo de ese embudo que es el alcohol
hacia el frondoso mar de personalidades
para elegir, para tirar, para doblar y guardar en el ropero,
a la espera de que los tiburones
huelan nuestra sangre hecha de soledad
y acudan con sus dientes aborrecidos
a cargarnos con su terrible compañía.

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