Este es el bar donde los desgraciados festejan,
un rincón del universo libre de nobles influencias ciudadanas,
libre de silencio mental ahogado en la vorágine de diarios
televisores y teléfonos celulares y mugrientas máquinas de café
Aquí viene el hombre y viene la mujer
y ninguno vale más que las monedas de sus bolsillos
a ambos amamos, a ambos embriagamos, a ambos despeñamos
por el borde sin filo de ese embudo que es el alcohol
hacia el frondoso mar de personalidades
para elegir, para tirar, para doblar y guardar en el ropero,
a la espera de que los tiburones
huelan nuestra sangre hecha de soledad
y acudan con sus dientes aborrecidos
a cargarnos con su terrible compañía.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
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