miércoles, 1 de septiembre de 2010

Negar el ruido... entregarme a la furiosa lujuria del viento trayendo el aroma de una presa, relamiendo los colmillos, agitando la respiración a merced del deseo...rompiendo la tierra con las garras, barriendo mis huellas con la cola. Implacable, soberbia, íntima criatura primal, de carne forjada en la soledad y el frío, de pelaje sin brillo que recuerda las volutas de humo de la muerte, la inocente crueldad de la naturaleza.

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