viernes, 24 de septiembre de 2010

Los mares en mi mano

Cinco son los soles que he visitado
cada uno con sus planetas,
sus cometas, sus silencios
todos son ejemplos de la paciencia y del tiempo,
de la ranura del cosmos por la que se agota y escapa la vida.
En todos se me presentó el aliento divino
ese que entre mota y mota de polvo
creó la vida, creó el misterio, creó la incertidumbre
y la materia que se reconoce a sí misma
y la conciencia que se entiende, que se sabe
respirando y resonando en el descanso
de las estaciones que descansan a la luz.
Hemos aprendido a ver la vida del y con el astro,
a identificarla con él,
mientras esta estrella nuestra caliente
nuestra tierra, nuestra agua,
y ponga sombra debajo de nuestros árboles,
yo voy a ser feliz, y mis trabajos
no pasarán nunca desapercibidos.

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