Relataba el cielo un sueño
que engendró la noche anterior
y atendían en silencio las estrellas
y el dios con respeto escuchó.
Soñé con rayos nuevos -dijo-,
con estelas de un caro valor
que partían del centro de mi pecho
y se elevaban radiantes alrededor.
Sé que cielo soy y que no existo
sin el orbe que me guardó,
¿quién puede recuperar mis silencios?
¿Quién puede recordar mi amor?
¿Habré terminado una noche inmensa
abrazado a algo en la creación?
¿O tal vez soy tan vil y tan viejo
que no recuerdo tanto dolor?
Me habrán corroído la historia, el tiempo,
los espíritus mezquinos de la razón,
y es toda mi vida un hueco constante,
un juego tonto de gélido temor
donde para seguir corriendo
tras los dorados hilos del sol
olvido y renuevo mi aire
en busca de mi primigenio calor.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
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