miércoles, 4 de agosto de 2010

Pequeñas Escenas Inconfesables I

Mafioso: A ver mi amigo, puedo ser completamente franco? Puedo escupirle en la cara mi admiración y mi impotencia al verlo a usted tan olvidado, tan poco estimado? O es sólo mi percepción y mi natural inclinación por los perdedores lo que me lleva a sentir simpatía por su situación? Yo lo cité hoy aquí, para decirle a usted mi plan, para ganármelo con un voto de confianza. Usted escucha y va a serguir escuchando lo que yo tengo para decir, que tal vez no es poco y tal vez no todo tenga sentido, lo admito. Caeremos iguales en esta mi red, los dos, y cuando yo haya terminado de explicársela, usted podrá decidir, si sigue o no, si ayuda o no, si protege o no, a un loco, muy loco, que soy yo: Fermín Gonzáles, mucho gusto.

(Roberto entonces le da una mano y con la otra libre, saca un revólver de la sobaquera y se pega un tiro. La luz desciende despacio, dibujando sobre el humo que baila desde el cañón sobre la mesa. Naipes manchados de sangre caen al suelo.)

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